¿Por qué los judíos se vuelven a ir de Europa?

28/Jun/2016

El Mundo, España, Sal Emergui

¿Por qué los judíos se vuelven a ir de Europa?

Miles de europeos de religión judía huyen
cada año a Israel. Unos escapan del yihadismo y el antisemitismo, otros buscan
sus raíces.
La estrella 51 de los Estados Unidos de
América siempre ha tenido una relación muy especial con los Estados Desunidos
de Europa. No sólo por su larga historia judía. El Viejo Continente está hoy
muy presente en Israel más allá de las diferencias políticas con Bruselas o la
pasión que la Champions provoca en Tierra Santa. Este viaje a Tel Aviv,
Netanya, Eilat, Raanana y Rehovot es un paseo por París, Madrid, Barcelona y
Lyon. Un salto a la Europa que fue o que será.
El español, francés y hebreo se mezclan con
naturalidad gracias sobre todo a la aliá. La emigración judía a Israel. Como la
que hizo el barcelonés Dani Benolol para vivir con su novio israelí. O el
parisino Ygal Allon que dejó tres restaurantes en la Ciudad de Las Luces para
encender una luz en Israel y-nos dirá- para ir con la kipá (el solideo ritual)
en la cabeza sin miedo al insulto o agresión.
Sin llegar al millón de la ex Unión
Soviética que hizo aliá en los inicios de los 90 a un país de apenas cuatro
millones de habitantes, los judíos europeos (franceses, españoles…) piensan
en Israel ya no sólo durante el telediario sino para estudiar, hacer la mili,
casarse, tener hijos, divorciarse, cuidar a los nietos, reencontrarse con sus
hijos, ser enterrado…Francia es el que proporciona más judíos. En 2014 fueron
7.200, el doble que el año anterior. El moderno éxodo judío tiene múltiples
padres: factor familiar, personal y económico, sionismo, antisemitismo, los
atentados yihadistas contra una escuela judía en Toulouse (2012) y el Hyper
Casher de París (2015)… En el año de este ataque terrorista, 7.900 franceses
judíos eligieron Israel. El año pasado llegaron 32.000 judíos de 90 naciones.
Demasiados como para no visitar la Petite France. La primera escala de este
viaje trilingüe a cinco ciudades.
NETANYA
En la Plaza de Independencia en esta ciudad
al norte de Tel Aviv, los israelíes sienten que están en París o Marsella.
10.000 franceses optaron por Netanya como residencia desde 1989 hasta el 2013.
El destino de les vacances se ha convertido en hogar. Eso sí, importando sus
canciones, tiendas, restaurantes, brioches, perfumes… Bienvenidos a la
colonia francesa Casher. En el restaurante Alonzo, los camareros chapurrean
hebreo. No lo necesitan. «Cualquiera puede trabajar aquí pero necesita francés
porque es el idioma de su sistema informático», apunta su dueño, Allon. En tres
palabras, responde a nuestras horas de coche y preguntas sobre los motivos de
este éxodo: «Porque soy judío».
Su historia empieza en la ciudad marroquí
de Fez. Allí nació su padre que se trasladó en 1949 a Israel y conoció a una
judía tunecina. De niño, Allon viajó a París con su familia y 40 años después
regresa dejando muchos comensales en Francia. «Los restaurantes tenían éxito
pero llega un momento en la vida que no ves futuro para tus hijos. Nos
vinimos», señala ante la atenta mirada de uno de sus tres hijos. Más le vale.
Es su jefe.
El atentado contra el supermercado Hyper
Cacher, que conocía muy bien, lo cambió todo. «Me dije, se acabó», recuerda.
Shanon y Sacha, estudiantes francesas,
buscan seguridad en Israel: «Cada vez pienso más que Francia no es un
lugar para los judíos»
El primer ministro Manuel Valls respondió
con un «Francia sin judíos no es Francia» al llamamiento de su homólogo
israelí, Benjamín Netanyahu a hacer la aliá. Allon dice que casi no reconoce a
Francia. «Hay lugares que no me atrevo a ir», asegura. Bromea en el nuevo
paisaje: «Un israelí aquí da buenos días en hebreo y recibe un bon jour».Vamos
a la playa. Esta vez no para tomar el sol y ver bikinis. Sacha (17) y Shanon
(16) son francesas, primas y residentes de Netanya. «En el Estado de los
judíos, me siento en casa y segura. Cada vez pienso más que Francia no es un
lugar para los judíos», opina Sacha. «Aún me siento más francesa pero aquí es
el futuro para nosotros», añade la recién llegada Shanon que recuerda el
aumento de seguridad en las sinagogas y escuelas hebreas francesas de una
comunidad de más de 500.000 miembros.
¿Chicos? «En Francia son más sexis, aquí
son jutzpanim», se ríe en alusión a la mezcla de atrevimiento, audacia e
insolencia del israelí.
RAANANA
Risas, recuerdos y buenos alimentos
engalanan el reencuentro de una decena de barceloneses en un restaurante.
Algunos hicieron la aliá hace pocos meses. Otros dejaron su aún amada Barcelona
hace décadas. Como Ernesto Joselevich (48) que aterrizó en 1986 después de la
firma de relaciones entre Israel y España. «Los dos países se parecen en muchas
cosas. Mediterráneos, democráticos, liberales… aunque creo que el israelí es
más trabajador y luchador. Con la insolencia que le hace cuestionar las cosas y
la audacia de intentar conseguir lo que antes nadie logró», comenta este
profesor e investigador del Instituto Weizmann.
Tuvo que viajar a Harvard para conocer
mejor a los israelíes. «Un compañero griego en el postdoctorado me mostró la
diferencia. El sueño de un postdoctorado griego es conseguir un puesto
académico en EEUU y, si no es posible, irse a Grecia. El sueño del israelí es
un puesto en Israel y si no hay más remedio quedarse en EE.UU».
Tras 20 años en Israel, Elías Eljarrat (49)
reconoce diferencias de mentalidad. ¿Antisemitismo en España? «Se remonta a la
Inquisición y se ha incrementado con la política de estar bien con los países
árabes por motivos económicos. Antes era antisemitismo de extrema derecha o
extrema izquierda y ahora está también relacionado con posiciones proárabes».
Eljarrat alerta sobre la amenaza terrorista:
«Ya pasó en Madrid mientras en Catalunya muchas células yihadistas han sido
detenidas cuando iban a cometer atentados».
Israel no es precisamente un destino
pacífico…Cierto, pero creo que los que vienen también lo hacen para sentirse
seguros mentalmente. En Israel se sienten más protegidos.
Ya en el postre, confiesa: «Echo de menos
el ambiente español; por ejemplo, el cortado es muy especial».
EILAT
El francés se escucha en el Delfinario de
esta ciudad fronteriza con Jordania y Egipto. «Nos gusta venir por el clima y
para apoyar a los israelíes ante los ataques palestinos», dice Jacques (50)
mientras observa a un delfín y sobre todo a su rubia cuidadora.
Nacido en Lyon, este turista no tiene
pensado trasladarse a Israel. «Es bueno saber que si pasa algo tenemos un lugar
que nos ayudará y recibirá con los brazos abiertos». Aconseja a Europa: «Va
siendo hora de que tomen medidas más drásticas para reducir la amenaza del
Estado Islámico (ISIS)».No le decimos que cerca de su hamaca, el ISIS tiene una
importante sucursal. Aunque se centra atacar objetivos egipcios, desde el Sinaí
también ha lanzado esporádicos proyectiles contra territorio israelí.
REHOVOT
El Instituto Weizmann es una inteligente
burbuja en una zona con mucha sinrazón. Uno de los centros científicos más
prestigiosos del mundo acoge decenas de nacionalidades e idiomas. El español
también. Muchos judíos y no judíos llegados de España se encuentran en sus
laboratorios y clases para estudiar, investigar, aprender, enseñar y crear.
Daniel Benarroch (24) es uno de ellos. Lean
ahora una de las claves del éxito científico israelí: si este madrileño hubiera
querido investigar en España tendría que haber pagado mucho dinero. Aquí no
sólo no paga sino que cobra. «Si Weizmann te da una beca, te lo paga todo. Me
prohíben trabajar ya que quieren que dedique todo mi tiempo a la
investigación», cuenta armado con una Estrella de David en el cuello.
Daniel Benarroch, criptólogo español, le
atrae la inversión en Israel en I+D: «Se debe a la mentalidad de
supervivencia del pueblo judío»
«Esta fórmula no se aplica en España quizá
porque no se da tanta importancia a la ciencia e investigación. Desde el minuto
cero, Israel ha invertido grandes cantidades de dinero y recursos humanos en la
investigación y ciencia porque sabe que es vital para su desarrollo», estima.
¿A qué se debe el ‘milagro tecnológico’?
A la mentalidad de supervivencia en Israel.
Hubo una época que era «o se desarrolla, inventa en agricultura, ciencia,
armamento… o no sobrevive». Una de las razones que explican la importancia de
la ciencia es que impulsa relaciones. Israel estableció enseguida relaciones
científicas con EE.UU, países europeos y poco a poco con países árabes. Es un
logro muy importante. El chaval, que niega haber sufrido antisemitismo en
Madrid, estudia criptografía. Las matemáticas detrás de la seguridad
cibernética. Protocolos y esquemas de seguridad para transmitir mensajes. El
futuro. O eso anuncia.
TEL AVIV
Las canciones del artista israelí Idan
Raichel absorben un aroma especial en el Instituto Francés. Una decena de
francesas cantan en hebreo bajo la batuta de Deborah Benasouli (38). Esta
actriz y cantante parisina no tiene palabras contra su país. «No estoy aquí por
temas de antisemitismo o yihadismo sino por algo personal. Me siento muy
francesa pero Israel es familia. Me siento en casa. Es algo del corazón que no
sé explicárselo», apunta antes de un nuevo ensayo.
Veronique Guez lleva cinco meses en Tel
Aviv. «Por sionismo y por mi hija que estudia aquí. No podíamos estar
separados», razona esta mujer que estudia en hebreo y sueña en francés. «Aquí
podemos ser judíos sin problemas mientras en París hay que tener cada vez más
atención por lo que pueda pasar», subraya mientras su amiga Chantal Zouberman
sentencia: «Aquí vivimos nuestra historia».
Dani Benolol (39) vive desde hace año y
medio en Tel Aviv. «Me estoy acostumbrando al caos en Israel. No me crié en
este ambiente sino en Barcelona donde todo es más ordenado. Cada vez que
vuelvo, veo mucho más esta diferencia», reconoce entre risas.
Un bar en la ciudad condal asistió al
flechazo con su novio israelí Sharon Shapira. Tras un rato en inglés, Benolol
le sorprendió con varias palabras en hebreo. «En primer lugar, vine por amor.
Después, algo de sionismo porque la vida aquí no es fácil. Si no, al cabo de
varios meses te dices, ‘me vuelvo’», confiesa el barcelonés en el balcón de su
casa.
Se siente un poco de todo. «En Tel Aviv
estoy muy cómodo pero hay cosas que añoro de España. La sensación de no estar
en un país tan pequeño donde todo el mundo se conoce. Como director comercial,
tengo la suerte de viajar cada mes y eso me da aire. En Tel Aviv me falta el
silencio y orden de Barcelona y en Barcelona echo en falta el caos de Israel».
¿Cómo explica el éxodo judío?
En Francia ser judío incomoda más y parece
que se ha vuelto un problema. En España quizá hay antisemitismo pero también
más desconocimiento sobre la cultura judía. Se vive muy bien y los judíos
seguirán viviendo allí hasta que no nos moleste ser judíos en España. Somos
muchos menos que en Francia. Más callados y menos visibles. No preveo una
llegada masiva de judíos españoles. Cuando le preguntamos sobre experiencia de
ser homosexual Tel Aviv, dice que le sorprendió que sea «algo más normalizado»
que en Barcelona. «Aquí no hay un barrio identificado con los gays quizá porque
todo Tel Aviv es gay y se ven más parejas de homosexuales con sus hijos
adoptados o de madres de alquiler», responde. El pesimismo lo reserva, cómo no,
para el conflicto israelopalestino: «Estando aquí lo veo más difícil de
solucionar. Por la disparidad de opiniones que trae una radicalización en los
dos lados. La solución no debe ser de los dirigentes sino de los pueblos».
Tras lamentar que Israel es un país muy
difícil para vivir, su novio explica que «todo es presión debido al clima, a la
sensación de que mañana puede estallar una guerra. En España todo es mucho más
tranquilo».
Preguntado sobre si los judíos deben estar
en Israel, Shapira responde: «Mi familia fue exterminada en el Holocausto y por
tanto sí. Pero no veo problema en que vivan en otros países si están bien y
seguros». Benolol no tiene claro donde estará en el futuro. Prefiere vivir el
momento. En este sentido, parce un israelí más. Aún no lo sabe.